
Valledupar despidió el Congreso Franciscano con un llamado a la santidad, la misión y la misericordia
La jornada de cierre de «Francisco, una semilla de vida eterna» reunió la celebración de Todos los Santos, la memoria de las raíces capuchinas en el Cesar y una reflexión sobre la misión como respuesta al llamado de Dios. Tres días de encuentro, formación y fraternidad dejaron nuevos motivos para mantener vivo el carisma de san Francisco en la Iglesia y en el mundo.
El Auditorio Julio Villazón Baquero del Colegio Bilingüe de Valledupar fue escenario de dos jornadas dedicadas a profundizar en la vida, la espiritualidad y el legado de san Francisco de Asís. El Congreso Franciscano «Francisco, una semilla de vida eterna» convocó a religiosos, religiosas, miembros de la Orden Franciscana Seglar, entre ellos su Ministra General y fieles de distintas comunidades, en una experiencia de formación, oración y encuentro fraterno.
Entre las presencias especialmente significativas estuvieron las hermanas clarisas de Valledupar, quienes participaron desde el primer día en las actividades del Congreso. Su asistencia fue posible gracias a la autorización concedida por el obispo diocesano para esta ocasión especial, que les permitió salir temporalmente de la clausura y compartir con los demás participantes. Su presencia ofreció un testimonio singular de comunión entre la vida contemplativa y las otras expresiones de la familia franciscana, y enriqueció el encuentro con la cercanía de quienes, desde el silencio, la oración y la entrega cotidiana, mantienen vivo el carisma de Francisco.
La santidad, vocación de toda la Iglesia
La jornada de cierre coincidió con la solemnidad de Todos los Santos y comenzó con la celebración eucarística presidida por monseñor Óscar José Vélez, obispo de Valledupar. La celebración reunió a religiosos de las familias franciscanas Capuchina y de la Orden de Frailes Menores, miembros del clero diocesano y un seminarista, en una expresión de comunión eclesial.
En su homilía, monseñor Vélez invitó a reconocer la santidad en las personas que han compartido nuestra vida y que, desde la sencillez de lo cotidiano, han sido testimonio de fe y entrega. Recuperando la expresión «los santos de la puerta del lado», animó a mirar a quienes convivieron con nosotros y a hacer «un momento de gratitud a Dios por ellos».
El obispo recordó que «cada uno de nosotros estamos llamados a la santidad» y destacó la heroicidad de san Francisco, cuya existencia llegó a configurarse con la de Jesucristo. A partir de las lecturas de la solemnidad, presentó las Bienaventuranzas como el fundamento de ese camino, invitando a contemplarlas como expresión del rostro de Jesús y referencia concreta para vivir la llamada a ser santos.
Las raíces capuchinas en la diócesis de Valledupar
El segundo momento de la jornada estuvo a cargo de fray William de Jesús Giraldo, OFMCap, guardián de la fraternidad Tres Avemarías de Valledupar e impulsor y organizador de este Congreso. Su ponencia, titulada «Raíces capuchinas en la diócesis de Valledupar», propuso un recorrido por los orígenes de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos y su identidad espiritual, como punto de partida para reconocer la historia y la presencia de esta familia religiosa en la región.
La reflexión permitió acercar a los asistentes a las raíces de una tradición que, fiel a la inspiración de san Francisco, ha buscado hacer presente el Evangelio mediante la vida fraterna, la sencillez, la oración y el servicio.
La participación de fray William también tuvo una expresión musical que acompañó distintos momentos del Congreso. Con su guitarra y la interpretación de cantos franciscanos, animó a los asistentes a unirse en la alabanza, haciendo de la música un espacio de participación y encuentro fraterno. Fueron momentos en los que la espiritualidad franciscana se expresó también a través del canto compartido.
La misión nace del llamado de Dios
La tercera ponencia estuvo a cargo del invitado internacional, fray Carlos Alberto Novoa de Agustini, OFMCap, quien desarrolló el tema «La misión nace del llamado de Dios». Su reflexión situó el origen de toda acción evangelizadora en la iniciativa divina: la misión no es una empresa personal ni una actividad que se realiza por costumbre; es Dios quien llama, prepara y envía a anunciar su Reino.
A partir de la experiencia de san Francisco, el ponente profundizó en la relación entre la misericordia recibida y la misericordia anunciada. Francisco reconoció en su propia historia la acción misericordiosa de Dios y, desde ese encuentro, transformó su manera de mirar y amar a los demás, particularmente a los pobres, los enfermos y quienes vivían al margen de la sociedad.
La reflexión desarrolló cuatro dimensiones de la misión franciscana: reconocer que nace del llamado de Dios; experimentar la misericordia para poder anunciarla; salir al encuentro de los hermanos, especialmente de quienes sufren, se encuentran alejados de la Iglesia o han perdido la esperanza; y convertirse en testigos de esa misericordia mediante una vida de humildad, sencillez, fraternidad y amor.
La exposición recordó que el anuncio del Evangelio encuentra en el testimonio de vida una de sus expresiones más elocuentes. La misión franciscana compromete, por tanto, toda la existencia y convoca a salir de las propias comodidades para hacer cercano el amor de Dios.
Como en las anteriores intervenciones de fray Carlos Alberto, la ponencia concluyó con un taller de trabajo grupal. Los participantes se reunieron para profundizar en los aspectos fundamentales de la reflexión, orientados por un cuestionario que permitió recoger, compartir y aplicar los contenidos de la exposición a sus propias experiencias y compromisos.
Una fraternidad que hizo posible el encuentro
El balance de esta edición del Congreso Franciscano deja también un reconocimiento especial a quienes, desde el servicio discreto y generoso, hicieron posible su realización.
Cerca de cien servidores de la parroquia Tres Avemarías de Valledupar participaron en la preparación y el desarrollo del encuentro. Su labor comprendió el montaje y adecuación del escenario, la recepción y bienvenida a los ponentes y asistentes, la entrega de los kits, la orientación de los participantes y el acompañamiento durante las diferentes actividades. Un trabajo coordinado que permitió atender cada detalle y ofrecer condiciones adecuadas para el desarrollo de la programación.
El Congreso contó igualmente con la presencia de funcionarios de la Fundación Obra de Solidaridad Misionera (FOSMI), obra de la Provincia de Hermanos Menores Capuchinos de Colombia, quienes se desplazaron desde Bogotá para acompañar el encuentro e instalar un stand en el que dieron a conocer sus productos y servicios. Su participación permitió acercar a los asistentes a esta obra de solidaridad y evangelización que busca hacer de la fe un compromiso concreto de servicio.
La organización, el cumplimiento del cronograma, la disposición de los espacios, la alimentación, los kits y la atención a los invitados fueron aspectos destacados por los asistentes, quienes manifestaron su satisfacción con el desarrollo del evento. Tanto para el equipo organizador como para quienes llegaron desde diferentes regiones del país, el Congreso respondió a las expectativas generadas desde su convocatoria y ofreció una experiencia de formación, encuentro y renovación espiritual.
Una semilla que seguirá dando fruto
Con esta jornada concluyó el Congreso Franciscano «Francisco, una semilla de vida eterna», tres días en los que la reflexión teológica, la memoria de la presencia capuchina, la oración, la música y el encuentro fraterno permitieron acercarse a la riqueza de una espiritualidad que, después de 8 siglos, conserva toda su fuerza evangelizadora.
Las enseñanzas compartidas dejaron una invitación que compromete la vida: reconocer la llamada universal a la santidad, hacer de la fraternidad un espacio donde el Evangelio se vuelva experiencia y comprender que la misión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la misericordia de Dios y salimos al encuentro de nuestros hermanos.
La semilla que Francisco recibió y entregó a la Iglesia continúa germinando en quienes encuentran en su espiritualidad un camino para seguir a Jesucristo. Su fecundidad se reconoce en cada vocación, en cada fraternidad que nace, en cada servicio que se ofrece y en cada corazón dispuesto a hacer del Evangelio una forma de vida.
Valledupar fue durante estos días lugar de encuentro para esa familia espiritual. La misión ahora continúa en cada fraternidad, en cada comunidad y en cada territorio donde el testimonio de Francisco sigue invitando a vivir el Evangelio con sencillez, alegría y entrega.
La continuidad de esta experiencia ya tiene un nuevo horizonte. Durante la jornada de cierre, fray William de Jesús Giraldo, OFMCap, anunció la realización de la segunda edición del Congreso Franciscano, prevista para mediados de 2027, renovando así la invitación a mantener vivo este espacio de encuentro, formación y profundización en el carisma de san Francisco de Asís.
Por Marynela Florido S. – Comuncaciones OFMCap Colombia


