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La Orden Capuchina despide con gratitud al hermano Ángel Madrid Soriano, sembrador de esperanza

La Provincia de Colombia y los fieles que compartieron su camino pastoral en el país elevan hoy una oración de gratitud por la vida y el tránsito pascual del hermano capuchino Ángel Madrid Soriano, quien partió a la Casa del Padre en la madrugada de este sábado 23 de mayo, en la Fraternidad de Massamagrell, España.

El hermano Ángel tenía 91 años de edad, 72 de vida religiosa y 64 años de sacerdocio vividos con entrega, cercanía y profundo amor por quienes más sufrían. Su vida fue reflejo del Evangelio encarnado en la escucha, el servicio y la esperanza.

Durante su misión en Colombia dejó una huella imborrable en la Iglesia y en la Orden. Fue párroco de la parroquia San Pascual Bailón en Bogotá, donde acompañó con especial dedicación a los jóvenes a través de procesos de catequesis y cursillos de formación humana y espiritual. Muchos recuerdan todavía su palabra serena, su capacidad de escucha y su permanente invitación a confiar en Dios incluso en medio de las dificultades.

Uno de sus legados más significativos fue la creación del “Teléfono de la Esperanza”, una pastoral de la escucha que se convirtió en refugio espiritual y humano para innumerables personas que atravesaban situaciones límite, marcadas por la soledad, la angustia, la desesperanza y, en algunos casos, pensamientos suicidas. Desde allí, el hermano Ángel hizo de la escucha un verdadero ministerio de misericordia.

Su visión sobre el servicio y el voluntariado sigue siendo inspiración para muchos. Solía afirmar que “hay que escuchar a los demás con toda el alma” y que “el voluntario recibe mucho más de lo que da”. Para él, servir significaba comprometer la vida con el dolor humano y convertirse en signo de esperanza en medio del sufrimiento.

La comunidad capuchina agradece al Señor por el testimonio vocacional, la entrega sacerdotal y la obra evangelizadora del hermano Ángel, cuya memoria permanece viva en tantos frailes, laicos y familias que encontraron en él consuelo, orientación y fraternidad.

Como hijos de san Francisco, hoy no hablamos solamente de muerte, sino de tránsito pascual: el paso definitivo al encuentro con el Señor Resucitado, en quien el hermano Ángel creyó y a quien sirvió fielmente durante toda su vida.

“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá” (Jn 11,25).

Que el Señor le conceda la paz y el descanso eternos.

Por Marynela Florido S. – Comunicaciones OFMCap Colombia

ORDEN DE HERMANOS MENORES CAPUCHINOS

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