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Aprender a confiar

Palabra franciscana: “Y los hermanos no se apropien de nada, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna.”
San Francisco de Asís, Regla bulada, 6,1.
Reflexión
Jesús nos invita a mirar las aves: no viven sin esfuerzo, pero sí sin ansiedad. La preocupación constante no nace del trabajo, sino del apego; queremos controlar el mañana, sostener resultados, guardar lo que solo Dios puede sostener. Francisco comprendió que la pobreza no es solo no poseer, sino no apropiarse: no apropiarse del lugar, de las cosas ni del futuro. La raíz de muchas inquietudes está en esa apropiación interior: “esto es mío”, “esto depende de mí”, “sin esto no soy nada”. La confianza comienza cuando soltamos, no con irresponsabilidad, sino desde la filiación: el que no se apropia descansa, el que se sabe hijo confía. Dios no nos pide pasividad, sino corazón libre.
Reto del Día
Observa qué estás intentando controlar con excesiva tensión. Practica un pequeño acto de desapropiación: cede la última palabra, acepta un cambio de planes, confía un asunto a Dios sin repasarlo mentalmente todo el día. Repite interiormente: “Padre, en tus manos.”
Oración
Padre bueno, me cuesta no apropiarme. Me aferro a personas, planes, seguridades y resultados. Enséñame la libertad del corazón pobre y la serenidad del hijo. Que trabaje con responsabilidad, pero descanse en tu Providencia. Arranca de mí el miedo que disfrazo de prudencia y libérame de la ansiedad que llamo previsión. Si Tú cuidas de las aves, ¿cómo no cuidarás de mí? Hoy quiero confiar, soltar y vivir como hijo. Amén.