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Santa Clara, mujer transfigurada por Cristo

Fiesta de la Transfiguración del Señor

Evangelio: Mateo 17, 1-9

Hemos llegado al quinto día de nuestro camino hacia la fiesta de santa Clara de Asís y en este día contemplaremos cómo la luz del rostro de Cristo transformó profundamente la vida de Clara hasta convertirla en un reflejo de la belleza del Evangelio. Quien permanece largo tiempo delante del Señor termina iluminado por su misma presencia.

Oración para todos los días

Señor Jesucristo,

Tú llamaste a santa Clara de Asís para seguirte con un corazón indiviso, y la condujiste por el camino de la pobreza, la humildad y el amor perfecto. Al contemplar el resplandor de tu rostro crucificado, ella aprendió que solo tu amor basta y que ninguna riqueza del mundo puede compararse con el tesoro de tu Reino.

Te damos gracias por el testimonio evangélico de esta hermana nuestra, que hizo del silencio un lugar de encuentro contigo; de la oración, el aliento de cada jornada; de la fraternidad, un signo de tu presencia; y de la caridad, el lenguaje sencillo con el que el Evangelio sigue transformando el mundo.

Por intercesión de santa Clara, concédenos un corazón pobre y libre, capaz de reconocerte en la Eucaristía, de servirte en los pequeños y de buscarte con perseverancia en la escucha de tu Palabra. Enséñanos a contemplarte con la misma mirada enamorada con la que ella abrazó tu Pasión y descubrió en la cruz la plenitud del amor.

Haz que, siguiendo las huellas de san Francisco y santa Clara, aprendamos a vivir reconciliados contigo, con nuestros hermanos y con toda la creación; que nuestra vida sea reflejo de tu misericordia y que, sostenidos por la fuerza de tu Espíritu, permanezcamos fieles al Evangelio hasta el final.

Santa Clara de Asís, mujer de fe inquebrantable, hermana de los pobres, guardiana del silencio contemplativo, enamorada de Cristo Eucaristía y espejo de la belleza del Señor, acompáñanos en este camino de preparación a tu fiesta.

Que, siguiendo tu ejemplo, aprendamos a poner siempre a Cristo en el centro de nuestra vida y a caminar con alegría hacia la santidad.

Amén.

Consideración

En la fiesta de la Transfiguración, el Padre nos invita a fijar la mirada en su Hijo amado. Los discípulos contemplan por un instante la gloria de Cristo para aprender a reconocerla también cuando llegue la hora de la cruz. Así, el Evangelio nos recuerda que quien permanece largo tiempo en la presencia del Señor descubre que su luz transforma el corazón y sostiene la esperanza en medio de toda prueba. Contemplar a Cristo es dejar que su vida ilumine la nuestra.

Santa Clara hizo de esa contemplación el camino de toda su existencia. En sus cartas invita a mirar, considerar, contemplar e imitar a Cristo, porque sabía que quien fija en Él la mirada termina configurando con Él toda su vida. Esa fue la fuente de su pobreza, de su fortaleza y de su paz. En este quinto día de nuestro itinerario, pidamos la gracia de permanecer cada día ante el Señor, para que, como santa Clara, también nosotros lleguemos a reflejar en nuestra vida la belleza y la luz de su Evangelio.

Propósito

Buscaré hoy un espacio prolongado de silencio para contemplar a Cristo en la Eucaristía o en el Evangelio, permitiendo que su Palabra ilumine mis pensamientos y decisiones.

Oración final

Señor Jesús, que en el monte santo manifestaste la gloria de tu divinidad, transfigura también nuestro corazón con la luz de tu presencia. Que, por intercesión de santa Clara, aprendamos a contemplarte con amor constante hasta reflejar en nuestra vida la belleza de tu Evangelio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Reflexión

La fiesta de la Transfiguración nos conduce a uno de los momentos más sublimes del Evangelio; es uno de los episodios que revelan con mayor claridad la identidad de Cristo. Jesús lleva consigo a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto. Allí, mientras ora, su rostro resplandece y sus vestidos se vuelven blancos como la luz.. Los discípulos contemplan por un instante la gloria del Hijo de Dios antes de emprender el camino hacia Jerusalén y la Pasión.

La Transfiguración no es un episodio aislado. Es una revelación. Dios permite que los discípulos descubran quién es realmente Jesús para que, cuando llegue el escándalo de la cruz, no olviden que aquel rostro desfigurado por el sufrimiento es el mismo que resplandece con la gloria eterna.

También santa Clara comprendió que toda la vida cristiana consiste en aprender a mirar a Cristo. No una mirada superficial o pasajera, sino una contemplación perseverante que transforma lentamente toda la existencia.

En su cuarta carta a santa Inés de Praga escribe unas palabras que constituyen una de las cumbres de la espiritualidad cristiana: invita a mirar, considerar, contemplar e imitar a Cristo. No propone una devoción sentimental. Describe un verdadero itinerario espiritual. Primero se fija la mirada; luego el corazón medita; después toda la persona entra en comunión con el Señor; finalmente la vida comienza a reproducir aquello que contempla.

He aquí el secreto de Clara: Ella no buscó transformarse a sí misma. Se dejó transformar por Cristo. Su pobreza, su humildad, su paciencia, su alegría y su fortaleza fueron el fruto de una larga contemplación del Señor crucificado y glorioso.

La luz del Tabor no desaparece cuando termina la visión. Permanece escondida en el corazón del discípulo para sostenerlo durante el camino.

Eso mismo ocurrió en San Damián.

Quienes convivieron con Clara no encontraban simplemente a una mujer prudente o de extraordinarias cualidades humanas. Encontraban una persona cuya vida transparentaba la presencia de Dios. Su serenidad en medio de la enfermedad, su dulzura para corregir, su paz en las pruebas y su amor inquebrantable por las hermanas nacían de una vida escondida en Cristo.

La contemplación nunca la apartó de la realidad; al contrario, le enseñó a descubrir el rostro glorioso de Cristo precisamente donde el mundo encontraba únicamente pobreza, enfermedad y fragilidad.

Esta fiesta nos recuerda una verdad profundamente actual.

Vivimos rodeados de imágenes que cambian constantemente nuestra manera de pensar y de vivir. Poco a poco terminamos pareciéndonos a aquello que contemplamos.

Santa Clara eligió contemplar solamente a Cristo. Por eso terminó reflejando su rostro.

San Pablo dirá que nosotros somos transformados “de gloria en gloria” al contemplar al Señor. Esa transformación no ocurre de manera espectacular. Es lenta, silenciosa y constante, como la acción de la luz sobre una vidriera. Poco a poco el Evangelio va configurando nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras decisiones.

Quizá esa sea la mayor necesidad de nuestro tiempo. No hacen falta únicamente cristianos que conozcan muchas cosas sobre Dios, sino hombres y mujeres cuya vida deje transparentar su presencia.

La verdadera evangelización comienza cuando alguien puede descubrir en nosotros algo del rostro de Cristo.

Santa Clara no pretendió llamar la atención sobre sí misma; toda su existencia fue un espejo orientado hacia el Señor.

Que también nosotros aprendamos, durante esta novena, a permanecer en la presencia de Dios hasta que sea Él quien transforme nuestro corazón.

Marynela Florido S. – Comunicaciones OFMCap Colombia

ORDEN DE HERMANOS MENORES CAPUCHINOS

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