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Santo Domingo de Guzmán: un corazón encendido por el Evangelio

La Iglesia celebra el 8 de agosto a santo Domingo de Guzmán, sacerdote y fundador de la Orden de Predicadores. Nació en Caleruega, España, hacia 1170. Desde sus años de formación manifestó un profundo amor por la Sagrada Escritura y por el estudio, unido a una especial sensibilidad ante las necesidades de los pobres. Siendo sacerdote del cabildo de Osma, los viajes realizados junto a su obispo le permitieron conocer las dificultades que atravesaba la Iglesia de su tiempo y despertaron en él un ardiente deseo de anunciar a Cristo.

En 1206 comenzó su misión de predicación en el sur de Francia. Allí, junto a otros hermanos, fue dando forma a una nueva comunidad dedicada a la predicación, la oración, el estudio y la vida fraterna. En 1216, el papa Honorio III confirmó la Orden de Frailes Predicadores; al año siguiente, Domingo envió a sus primeros frailes a distintos lugares de Europa, dando a la Orden desde sus comienzos un marcado carácter misionero. Murió en Bolonia el 6 de agosto de 1221 y fue canonizado por el papa Gregorio IX en 1234.

Pero quizá la mejor manera de acercarnos a Domingo sea recordar que, antes de ser un gran predicador, fue un hombre de oración. Benedicto XVI destacó que su celo apostólico nacía de una profunda intimidad con Dios: la oración era la fuerza que renovaba y fecundaba toda su misión. Domingo deseaba que sus hermanos hablaran siempre «con Dios o de Dios»: contemplar, estudiar, amar la verdad y después compartir con los demás aquello que primero había sido recibido en la oración.

Y aquí sentimos especialmente cercano a nuestro padre Domingo. Francisco y Domingo, tan distintos en sus caminos y tan unidos en su amor a Cristo, enseñan a sus hijos que la contemplación nunca termina encerrada en sí misma: el encuentro con el Señor se convierte en vida entregada, en fraternidad y en anuncio del Evangelio. Los franciscanos podemos mirar hoy con gratitud a nuestro padre Domingo y reconocer en él a un hermano que, con su propia vocación, quiso hacer que la luz de Cristo llegara a todos.

Oración

Padre santo, te damos gracias por el don de santo Domingo, hombre de oración, de estudio, de fraternidad y de predicación.

Concédenos amar profundamente a Cristo, buscar siempre la verdad, servir con compasión a nuestros hermanos y anunciar con nuestra vida aquello que primero hemos contemplado.

Haz que, como Domingo y Francisco, sepamos hacer de nuestra existencia un humilde camino para que el Evangelio sea conocido, amado y vivido. Amén.

Marynela Florido S. – Comunicaciones OFMCap. Colombia

ORDEN DE HERMANOS MENORES CAPUCHINOS

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